Laudator temporis actiEstas páginas web están dedicadas a mi esposa inglesa Helen quien, relativamente nueva a Barcelona, me abrió los ojos y me hizo ver la variedad y hermosura de los balcones que se pueden ver en casi todos los edificios de la Ciudad Condal. No solo en los inmuebles famosos, como los de la Pedrera de Gaudí y en otros edificios de prestigio, sino también los que se ven en las viviendas de construcción menos ostentosa y que constituyen la mayor parte del Ensanche de Barcelona: en aquellos inmuebles que se construyeron a la vuelta de los siglos 19 y 20 para aposentar a la ciudadanía media de Barcelona. Los detalles decorativos de estos edificios hacen honor a los propietarios que, y así me parece, llenos de un sentimiento de orgullo cívico, descartaron toda consideración económica y permitieron a sus arquitectos y constructores nos legaran un patrimonio de buen gusto y de belleza que es único de Barcelona. ¡Qué lastima que esta tradición se acabe durante la segunda decena del siglo veinte! Las viviendas austeras y utilitarias que se han construido desde entonces me recuerdan los nichos en los cementerios donde los muertos descansan amontonados los unos sobre los otros. Un cínico diría que la gente artísticamente muertas de hoy regreasa a casa cada tarde para descansar amontonada, de la misma forma, en estas construcciones faltadas de inspiración.
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